Lo que sentimos // What we feel (by Duane Michals)

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“Cuanto mas serio eres, mas tonto debes ser. Yo tengo una gran capacidad para la locura. Es esencial”. – Duane Michals

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“The more serious you are, the sillier you have to be. I have a great capacity for foolishness. It’s essential.” – Duane Michals

Ludmila Tchernina (by Duane Michals, 1964)

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“He estado siempre interesado en las cosas espirituales y siempre lo estaré. Tengo curiosidad por todo. Tengo curiosidad por la física, tengo curiosidad sobre quién está hablando, tengo curiosidad por la naturaleza misma de mi existencia – y eso es iluminación.”

— Duane Michals

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“I have been interested in spiritual things forever and I always will be. I am curious about everything. I am curious about physics, I am curious about who’s speaking, I am curious about the very nature of my existence – and that is illumination.”

— Duane Michals

La abeja embrujada // The bewitched bee (by Duane Michals, 1986)

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La abeja fue embrujada por la belleza del muchacho // The bee was bewitched by the beauty of the boy

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La abeja besó al muchacho con un picotazo // The bee kissed the boy with a sting

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El muchacho cayó en una melancolía encantada // The boy fell into an enchanted melancholy

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Su cabeza dejó escapar cuernos pesados // His head heaved heavy horns

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Se convirtió en una criatura con cuernos // He became an anthered creature

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Sólo cosas peludas y las cosas con alas podrían amar a una criatura con cuernos // Only furry things and things with wings could love an anthered creature

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El muchacho se adentró en el bosque en busca de amor // The boy wondered into the woods looking for love

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Perdido y solitario, se ahoga en un mar de hojas // Lost and lonely, he drowns in a sea of leaves

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Cristo en Nueva York // Christ in New York (by Duane Michals, 1984)

Duane Michals - Christ in New York (complete)

Cuando, en 1974, Duane Michals se vió frustrado por la insuficiencia de sus imágenes como un medio de comunicar sus ideas, comenzó a escribir en sus fotografías para describir lo que quedaba invisible. Las palabras garabateadas en la parte inferior de cada foto en la serie “Cristo en Nueva York” ponen de relieve la amarga ironía de cada situación.

De un primer vistazo de “Cristo en Nueva York”, nos damos cuenta de inmediato que se trata de fotografías escenificadas. Cristo es representado estereotipadamente, como a través de los ojos de un niño, como un hombre de barba blanca con un halo brillante. Posa con rigidez en cada fotografía, con su rostro casi inexpresivo y los brazos pegados a menudo torpemente a su lado, o extendidos en una pose que recuerda a su muerte en la cruz. Su crudo halo y las poses teatrales de los sujetos eliminan inmediatamente cualquier ilusión de realidad fotográfica, por lo que, como espectadores, podemos pasar a considerar cuál era la intención de Michals en la organización de estas escenas.

El uso de Michals de la figura de Cristo en esta serie, como un símbolo de pureza, sacrificio e inocencia, hace que la violencia que se yuxtapone al lado sea aún más impactante. El sentido de que Cristo es ignorado, denigrado, e incluso atrapado en estas situaciones se ve reforzado por los elementos de la composición de cada fotografía. En “Cristo es vendido en televisión por un religioso hipócrita”, sólo se muestra la parte superior del cuerpo de Cristo, cortado y encajonado entre tres imágenes del evangelista, que se muestra de pie junto a Cristo, en la pantalla de la televisión, y en la pantalla de la cámara de vídeo. A lo largo de toda la serie, la figura de Cristo es atrapada de alguna manera, a menudo empujada en una esquina de mesas, paredes y golpes de los atacantes. Cuando yace solo en un callejón en “Cristo es disparado por un asaltante con un arma de la mano y muere”, su figura está estrechamente encerrada en el espacio creado por una pared de ladrillo y las fuertes líneas diagonales de la sombra de un edificio.

“Cristo en Nueva York” es una serie que nace de la ira de Michals en torno a los temas relacionados con el tema caliente de la década de los 80, la mayoría de los cuales siguen siendo relevantes hoy en día. Michals, un homosexual, creció en una comunidad católica intensamente religiosa, en la que cuenta que ser gay no se reconoció como una opción. Recontextualizando la figura de Cristo como alguien que defiende a los homosexuales y llora sobre los cadáveres de mujeres que han tenido abortos ilegales, Michals está haciendo una declaración política clara contra la hipocresía de algunas comunidades cristianas, mientras nos recuerda la fuerza de los actos generalizados de violencia en el mundo moderno.

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When, in 1974, Duane Michals became frustrated with the inadequacy of his images as a means of communicating his ideas, he began to write on his photographs to describe what remained unseen. The words scrawled across the bottom of each photo in the series Christ in New York underscore the bitter irony of each situation.

Upon first viewing Christ in New York, we immediately realize that these are staged photographs. Christ is represented stereotypically, as if through the eyes of a child, as a bearded white man with a glowing halo. He is stiffly posed in each photograph, with his face almost expressionless and his arms often awkwardly stuck to his side, or outstretched in a pose reminiscent of his death on the cross. His crude halo and the theatricality of the models’ poses immediately remove any illusion of photographic reality, so that as viewers, we can move on to consider—what was Michals’ intent in staging these scenes?

Michals’ use of the figure of Christ in this series, as a symbol of purity, sacrifice, and innocence, makes the violence he is juxtaposed next to all the more shocking. The sense that Christ is ignored, denigrated, and even trapped in these situations is heightened by the compositional elements of each photograph. In “Christ is sold on Television by a Religious Hypocrite”, only Christ’s upper body is shown, cut off and boxed in by three images of the evangelist, who is shown standing next to Christ, on the screen of the television, and on the screen of the video camera. Throughout the whole series, Christ’s figure is trapped in some way, often pushed into a corner by tables, walls, and the blows of attackers. When he lies alone in an alleyway in Christ is Shot by a Mugger with a Hand Gun and Dies, his figure is tightly enclosed in the space created by a brick wall and the sharp diagonal lines of a building’s shadow.

Christ in New York is a series born out of Michals’ anger around the hot-topic issues of the 1980s, most of which are still relevant today. Michals, a gay man, grew up in an intensely religious Catholic community, where he says being gay was not recognized as an option. By recontextualizing the figure of Christ as someone who defends homosexuals and cries over the dead bodies of women who have had illegal abortions, Michals is making a clear political statement against the hypocrisy of some Christian communities, while forcefully reminding us of the pervasive acts of violence in the modern world.

Duane Michals - Christ in NY 1 - 1984

“1. Cristo es vendido en televisión por un religioso hipócrita. // Christ is sold on television by a religious hypocrite.”

Duane Michals - Christ in NY 2 - 1984

“2. Cristo llora cuando ve a una mujer jove que ha muerto durante un aborto ilegal. // Christ cries when he sees a young woman who has died during an illegal abortion.”

Duane Michals - Christ in NY 3 - 1984

“3. Cristo come comida para perro con una anciana ucraniana en Brooklyn. // Christ eats dog food with an old Ukrainian lady in Brooklyn.”

Duane Michals - Christ in NY 4 - 1984

“4. Cristo es golpeado defendiendo a un homosexual. // Christ is beaten defending a homosexual.”

Duane Michals - Christ in NY 5 - 1984

“5. Cristo ve como una mujer es atacada. // Christ sees a woman being attacked.”

Duane Michals - Christ in NY 6 - 1984

“6. Cristo es disparado por un ladrón con una pistola y muere. La segunda venida había ocurrido y nadie se dio cuenta. // Christ is shot by a mugger with a hand gun and dies. The second coming had occurred and no one noticed.”

(via: https://www.wellesley.edu/davismuseum/artwork/node/43510 )

Las aventuras de Constantin Cavafy // The adventures of Constantin Cavafy (by Duane Michals)

En “Las aventuras de Constantin Cavafy” las imagenes de Duane Michals ilustran vagamente la poesía de Cavafy, mientras investigan temas como el tiempo perdido, el amor descubierto y recordado, y el sublime reino de lo surrealista.

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In “The Adventures of Constantin Cavafy” Duane Michals images loosely illustrate Cavafy’s poetry, while investigating themes of lost time, love discovered and remembered, and the sublime realm of the surreal.

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“Por favor, encuentrame en el círculo de
esta presunción. Estas pequeñas fábulas de mi imaginario
teatro repiten el
mantra de los deseos de Cavafy y
los lamentos, tan viejos hoy que ahora
no existen. Mi gran amigo Joel Grey
jugará encubierto en los vidrios,
traje negro y corbata, Constantine
Cavafy como el soñador que destierra a
Dios, y como el amante de la gloriosa
promesa de la juventud,
¿Quién puede decir mi verdad desde mis mentiras?
Yo no”

Duane Michals

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“Please meet me in the circle of
this conceit. These little fables of my imaginary
theatrics repeat the
mantras of Cavafy’s desires and
regrets, so old today now gone
away. My great friend Joel Grey
will play disguised in glasses,
black suit and tie, Constantine
Cavafy as the dreamer who banishes
God, and as the lover of the glorious
promise of youth,
Who can tell my truth from my lies?
Not I”

Duane Michals

The adventures of Constantine Cavafy

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Pienso acerca de pensar // I think about thinking (by Duane Michals, 2000)

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En esencia Duane Michals (Pensilvania, 1932) es un contador de historias y con ellas nos acerca al universo inagotable de su pensamiento. En su “Autorretrato”, se muestra a sí mismo de espalda al espectador leyendo un libro cuyo texto es el foco de la imagen: “I think about thinking”. Duane cuenta historias a través de una cámara porque lo relevante “no es el instrumento sino lo que hacemos con él” y “la cámara no es diferente a la máquina de escribir”, dice.

Su talante narrativo es una de las características que lo distinguen a primera vista de sus coetáneos: en sus fotos y secuencias (las series fotográficas a través de las cuales relata una historia) es común que escriba en los bordes, con su letra cursiva y casi infantil, aquella idea que lo ha impulsado a crearlas y que guía su sentido: “Mis fotografías están basadas en ideas y sentimientos específicos y son ilustraciones premeditadas de esos sentimientos. Me ilustro a mí mismo”. Michals piensa en una idea, la escribe, realiza el guion a la manera de un storyboard y en menos de dos horas puede tomar secuencias completas. Por eso “se exhiben mejor en los libros que en las galerías”, confiesa, porque están pensadas para ser vistas como una unidad de sentido y no de manera separada.

Y es que Duane no es un artista tradicional de la lente: llegó tarde a la fotografía y nunca quiso ser un Cartier-Bresson, lo que significa que nunca quiso seguir el camino de otros. De formación autodidacta, sus primeros trabajos fueron comerciales: en revistas de moda como Squire, Mademoiselle y Vogue hacía retratos de celebridades, pero desde entonces mostrando una diferencia con sus contemporáneos: en lugar de captarlos en un estudio, lo hacía en el propio contexto de los personajes. Esta temprana diferencia es muestra ya de la visión capital de Michals: no quiere descubrir la apariencia de las cosas, sino su esencia; no está interesado en mostrar lo que todos ven, sino lo que él experimenta. “Soy un empirista, creo que las propias experiencias conducen al conocimiento”, dice, y por eso se proclama a sí mismo un expresionista.

Así, concibe a la fotografía como un medio de expresión, no como un fin, lo cual determina su posición frente a los temas que persigue: no camina la ciudad buscando instantes dignos de ser eternizados (así rompe con Richard Avedon, Ansel Adams, Robert Frank, Robert Doisneau, Irving Penn), lo que él quiere es mostrar lo que nadie puede ver, por eso es el fotógrafo que no cree en los ojos sino en la mente, pues en ella reside la imaginación y con ésta, indica, “se produce algo que de otra manera no existiría”.

Por esto, es justo decir que la cualidad de Michals que lo distancia en definitiva de sus coetáneos es que su obra no intenta documentar la realidad sino mostrar el paisaje interior del ser, es decir, las preguntas y emociones que lo inquietan: qué ocurre después de la muerte, de qué manera sucedieron los eventos del día anterior, cómo son el deseo, el miedo, las ideas. “Estoy interesado en el misterio de mí mismo y de mi vida”, expresa. Y en este sentido está más cerca de René Magritte —a quien tanto admiró y quien “lo había liberado”— que de cualquier otro artista.

Sus creaciones deben ser leídas como preguntas, como misterios que no necesitan ser resueltos sino revelados, porque lo que un verdadero artista debe hacer, dice, “es mostrarnos sus secretos”.

Así pues, Duane Michals, un indiscutible transgresor de la lente, nos muestra con su obra que la fragmentariedad es la base de la realidad, la cual no es más que una serie de nociones inconclusas con las que intentamos comprender nuestra breve existencia.

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In essence Duane Michals (Pennsylvania, 1932) is a storyteller and with them head us to the endless universe of thought. In his “Self Portrait” shown himself back to the viewer reading a book whose text is the focus of the image: “I Think About Thinking”. Duane tells stories through a camera because what matters “is not the instrument but what we do with it” and “the camera is no different than the typewriter,” he says.

His narrative mood is one of the characteristics that distinguish him at first glance of his contemporaries: in his photos and sequences (the photographic series through which tells a story) is common to write on the edges, with italics and almost child, that idea has prompted create and guiding his meaning: “My photographs are based on specific ideas and feelings and those feelings are premeditated illustrations. I illustrate myself”. Michals think of an idea, writes, performs the script in the manner of a storyboard and in less than two hours can take complete sequences. So “they are best exhibit in the books that in the galleries”, he says, because they are intended to be viewed as a unit of meaning and not separately.

And it is that Duane is not a traditional artist of the lens: came late to photography and never wanted to be a Cartier-Bresson, which means he never wanted to go the way of others. Self-taught, his early works were commercial: in fashion magazines as Squire, Mademoiselle and Vogue took portraits of celebrities, but since then showing a difference with his contemporaries rather than capture them in a studio, he did in the context of own characters. This difference is shown early vision and capital Michals: not to discover the appearance of things, but its essence; He is not interested in showing what everyone sees, but what he experiences. “I’m an empiricist, I think own experiences lead to knowledge,” he says, and so he proclaims himself an expressionist.

So, he sees photography as a means of expression, not an end, which determines his position on the issues to be achieved: not walking the city looking for moments worthy of being immortalized (and break with Richard Avedon, Ansel Adams, Robert Frank, Robert Doisneau, Irving Penn), what he wants is to show what one can’t see, that’s the photographer who does not believe in his eyes but in the mind, because in her imagination resides and it indicates “something occurs that would otherwise not exist. ”

Therefore, it is fair to say that the quality of Michals that definitively differences him from its peers is that his work does not attempt to document the reality but to show the inner landscape of self, that is, questions and emotions that concerned about: what happens next death, how the events happened the day before, how are desire, fear, ideas. “I’m interested in the mystery of myself and my life,” he says. And in this sense he is closer to René Magritte, whom he both admired and who “had delivered himself” – than any other artist.

His creations should be read as questions like mysteries that need to be resolved but not disclosed, because what a true artist should do, he says, “is to show their secrets.”

So, Duane Michals, a transgressor of the lens indisputable, his work shows that the fragmentation is the basis of reality, which is no more than a series of inconclusive notions with which we try to understand our brief existence.

(via: http://unidiversidad.com.mx/duane-michals-el-fotografo-que-se-ilustra-a-si-mismo/)