La salida de los americanos // The departure of the Americans (by Christine Spengler, 1973)

“La fotografía se llama ‘La salida de los americanos’. La capturé justo una hora antes de que se firmase la paz y los norteamericanos salieran para siempre de Vietnam. Fue en la base militar de Bien Hoa. De repente, veo que, agazapada en un rincón, una joven vietnamita, sonrisa tensa, da por última vez en su vida cera a las botas que tanto odia. La foto fue portada de The New York Times. Yo era una principiante, acababa de llegar a Saigón, con un solo billete, como siempre.”

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“The photograph is called ‘The departure of the Americans’. I captured it just one hour before the peace was signed and the Americans leave Vietnam forever. It was in the military base of Bien Hoa. Suddenly, I see, hidden in a corner, a young Vietnamese, tight smile, giving for the last time in her life wax to the boots she hates so. The photo was cover of The New York Times. I was a beginner, had just arrived in Saigon, with a single ticket, as usual. ”

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Valor, ternura y saber mirar // Courage, tenderness and knowing look (by Christine Spengler)

Christine Spengler afirma que su condición de mujer le ha ayudado en su trabajo como corresponsal de guerra, “ya que los civiles, que son principalmente el objetivo de mis instantáneas, temen más a los hombres que a las mujeres”. “Ese hecho me ha abierto puertas que en muchos casos estarían vedadas a los hombres”. Spengler añadió que su formación ha sido principalmente autodidacta y que en sus obras se transmite mucha humanidad. También recordó la artista francesa una anécdota que le ocurrió con Sebastiao Salgado, el gran fotógrafo brasileño, en el comienzo de su carrera; según contó Spengler, ella siempre hacía las fotografías apaisadas, horizontalmente, hasta que Salgado le indicó que tenía que hacer algunas con un encuadre vertical, “para las portadas de los libros”.

Christine Spengler descubrió su vocación en El Chad, adonde había llegado con su hermano Eric desde París, en una huida hacia delante para olvidar la muerte de su padre. Presenció el ataque de los rebeldes “tubus” a los helicópteros franceses. Los hermanos fueron acusados de espías, encerrados en la cárcel y finalmente expulsados del país: “A partir de ahora quiero ser corresponsal de guerra y testimoniaré las causas justas”, se dijo Spengler entonces. Por primera vez en mi vida tomé conciencia de que en un caso extremo las palabras no bastaban, de que me era indispensable una máquina fotográfica. Con ella, los testimonios serían irrefutables. Dondequiera que fuese, ella me ayudaría a captar de modo indeleble la tragedia, el dolor… y también los juegos y risas de los niños a quienes más tarde llamaría «las flores de la guerra».

De formación autodidacta, no cree en las escuelas ni en la enseñanza de la fotografía. A su juicio, hacen falta tres requisitos fundamentales para ejercer la profesión: valor, ternura y saber mirar.
Con su Nikon de 28mm y su lema “para mí, siempre, el corazón es lo primero”, ha fotografiado los conflictos armados de Irlanda del Norte, Vietnam, Kosovo o Afganistán. Sus imágenes han dado la vuelta al mundo, ocupando las páginas de publicaciones internacionales como New York Times, Life, Time y Neewsweek. En sus instantáneas se revela la complicidad que establece con los sujetos fotografiados, sobre todo mujeres y niños, que miran frontalmente a la cámara.

“El suicidio de mi joven hermano Eric fue un factor determinante en mi carrera. El duelo por haberlo perdido hizo que me volviera más sensible al dolor del mundo. Durante todos estos años deseaba morir pero el hecho de convivir con el peligro y la muerte hizo que aprendiera a amar la vida.
Hoy rindo homenaje a éstas mujeres de Irán que desvelaban para mí su rostro puro, a las viudas palestinas que, entre lágrimas, me enseñaban con orgullo los retratos de sus mártires, a esas madonnas afganas que me miraban bajo el burqa…
Como los ruedos de mi infancia en Madrid, hoy soy mitad sombra, mitad luz.”

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Christine Spengler asserts that her womanhood has helped her in her work as a war correspondent, “and that civilians, who are mainly aimed at my shadow, fear men more than women”. “That fact has opened doors in many cases would be closed to men.” Spengler said that the training has been largely self-taught and her works transmit in a lot of humanity. French artist also recalled an anecdote that happened to Sebastiao Salgado, the great Brazilian photographer, at the beginning of her career, according to Spengler was, she always made the photographs oblong, horizontally, until Salgado told her she had to do some with a vertical frame, “for the covers of books.”

Christine Spengler discovered her vocation in Chad, where she had arrived with her brother Eric from Paris, in a headlong rush to forget the death of her father. Witnessed the rebel attack “Tubu” the French helicopters. The brothers were accused of spying, locked in jail and finally expelled from the country: “From now on I want to be a war correspondent and bear witness to just causes,” said Spengler then. For the first time in my life I realized that in an extreme case the words were not enough, that I was indispensable to a camera. With it, would be irrefutable evidence. Wherever she went, she would help me get in an indelible way of tragedy, pain … and games and laughter of children who would later call “the flowers of the war.”

Self-taught, she does not believe in schools or the teaching of photography. In her opinion, three fundamental requirements needed to practice: courage, tenderness and knowing look.
With her 28mm Nikon and their motto “For me, always, the heart is the first” armed conflict has photographed Northern Ireland, Vietnam, Kosovo and Afghanistan. Her images have been around the world, occupying the pages of international publications such as New York Times, Life, Time and Neewsweek. In its shadow is revealed the complicity established with the photographed subjects, mostly women and children, looking at the camera frontally.

“The suicide of my youngest brother Eric was a factor in my career. Grief at losing him made me become more sensitive to pain in the world. During all these years I wanted to die but the fact of living with danger and death made me to learn to love life.
Today I pay tribute to these women in Iran that revealed to me his face clean, a Palestinian widow, who was crying, proudly showed me pictures of their martyrs, madonnas Afghan those I looked under the burqa …
As the arena of my childhood in Madrid, now I’m half shade, half light.”