Eleanor y Barbara, Lago Michigan // Eleanor and Barbara, Lake Michigan (by Harry Callahan, 1953)

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“…Para ser un fotógrafo, hay que fotografiar. Ninguna cantidad de libros de aprendizaje, ni lista de seminarios atendidos, se pueden sustituir por el simple hecho de hacer fotos. La experiencia es el mejor maestro de todos. Y por ello, no hay garantías de que uno se convertirá en un artista. Sólo importa el viaje…”
— Harry Callahan

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“…To be a photographer, one must photograph. No amount of book learning, no checklist of seminars attended, can substitute for the simple act of making pictures. Experience is the best teacher of all. And for that, there are no guarantees that one will become an artist. Only the journey matters…”
— Harry Callahan

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Providence (by Harry Callahan, 1961)

Harry Callahan - 1961 - Providence

“Realmente no tenía mucho que enseñar. Ni siquiera creía en ello. Sentía de una manera tan fuerte que cada uno tenía que encontrar su propio camino. Y nadie puede enseñarte tu propio camino… En el arte, la única respuesta real que conozco es hacerlo. Si no lo haces, no sabes lo que podría pasar.” – Harry Callahan

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“I really do not had much to teach. I did not even believe in it. I felt in a so strong way than each one had to find his own way. And no one can teach your own way… In art, the only real answer I know is to do it. If you don’t do it, you don’t know what might happen.” – Harry Callahan

Eleanor (by Harry Callahan, 1948)

Harry Callahan - Eleanor - 1948

“Es el sujeto lo que cuenta. Estoy interesado en revelar el sujeto como una nueva forma de intensificarlo. Una foto es capaz de capturar un momento que la gente no siempre puede ver.” – Harry Callahan

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“It’s the subject matter that counts. I’m interested in revealing the subject in a new way to intensify it. A photo is able to capture a moment that people can’t always see.” – Harry Callahan

Eleanor and Barbara, Chicago (by Harry Callahan, 1953)

Harry Callahan - Eleanor and Barbara - Chicago 1953

“Yo había fotografiado una modelo desnuda una o dos veces en el Club Cámara de Detroit a principios de 1940, pero eso no significaba nada para mí. Parecía como si tuviera que pensar: ‘¿Qué puedo hacer que sea diferente de lo que hacen los demás?’ Eso no tiene mucho sentido para mí. Además, yo quería fotografiar a la persona por quien yo sentía algo. No era suficiente fotografiar un desnudo.

Mi esposa, Eleanor, estaba dispuesta a posar para mí porque ella sentía que era parte de lo que yo estaba haciendo, aunque probablemente no era nada divertido para ella. En ese momento ella no parecía expresar algo de una manera u otra. Mi hija, Barbara, se cansó de ser fotografiada, y, siendo una niña, expresó que no era siempre divertido. Eleanor no hizo sugerencias sobre lugares. No prestó atención. Lo hizo sólo porque se lo pedí, así que ella no tenía ningún deseo de hacer por sí misma más de lo que tenía que hacer. Fue más que super-cooperativa.” – Harry Callahan

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“I had photographed a nude model once or twice at the Detroit Camera Club in the early 1940s but it didn’t mean anything to me. It seemed as if you had to think, ‘What can I do that’s different from what everybody else is doing?’ That didn’t make much sense to me. Also, I wanted to photograph the person for whom I had feeling. It wasn’t enough just to photograph a nude.

My wife, Eleanor, was willing to pose for me because she felt it was part of what I was doing, although it probably wasn’t any fun for her. At the time she didn’t seem to express anything one way or the other. My daughter, Barbara, got tired of being photographed, and, being a child, she expressed that it was not always fun. Eleanor didn’t make suggestions about locations. She didn’t pay attention to it. She did it only because I asked her, so she had no desire to make herself do more than she had to. She was just super-cooperative.” – Harry Callahan

Eleanor, Chicago (by Harry Callahan, 1953)

Las fotografías que me emocionan son fotografías que dicen algo de una manera nueva, no por el hecho de ser diferentes, sino las que son diferentes porque el individuo es diferente y se expresa por sí mismo.

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The photographs that excite me are photographs that say something in a new manner; not for the sake of being different, but ones that are different because the individual is different and the individual expresses himself.

Cualquier cosa por Harry // Anything for Harry

Casi siempre desnuda, a veces completamente tapada en calles desiertas, Eleanor Callahan fue la musa de su marido, el fotógrafo estadounidense Harry Callahan, durante más de medio siglo, y murió el martes, víctima de un cáncer, en un hospital de Atlanta a los 95 años. “Cualquier cosa por Harry”, dijo en una entrevista en 2007 al crítico de arte Robert L.Pincus. Si los Callahan hicieran estas fotos ahora, el suyo sería considerado como un trabajo en equipo, una intención artística conjunta, como la que existía entre Alfred Stieglitz y la pintora Georgia O’Keeffe, otro icono del siglo XX.

“Le gustaba hacerme fotos”, dijo en otra entrevista en 2008, “En cualquier pose, con lluvia o con sol. No importaba lo que estuviera haciendo. Si estaba lavando los platos o si estaba medio dormida. Y el sabía que yo nunca, nunca le hubiera dicho no. Siempre estuve allí para él. Porque sabía que Harry sólo podía hacer lo correcto”, expresó en otra entrevista en 2008.

Pero también salieron de lo cotidiano. Una de las pocas imágenes en color que Harry hizo de Eleanor fue en el estudio del pintor Hugo Weber en Chicago. Eleanor está de espaldas, como en muchas otras imágenes de su marido. Y en otra se apoya sobre una cómoda, y en la pared se pueden observar los dibujos de Weber, que les cedió su hogar.

Callahan, un autodidacta, es uno de los fotógrafos estadounidenses más innovadores de la segunda mitad del siglo XX. Trabajó para el laboratorio fotográfico de General Motors en Detroit, donde había nacido, y conoció a Eleanor en una cita a ciegas en 1933. Ella tenía 17 años; él, 21. Ambos trabajaban en Chrysler y era 1933. The High Museum of Art de Atlanta dedicó una retrospectiva a su obra, ‘Harry Callahan: Eleanor’, en 2007. “Creo que Harry comenzó a fotografiar en 1938 y, desde que nos casamos, nunca dejó de hacerlo, siempre tuvo una cámara en sus manos”, dijo Eleanor entonces.

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Almost always naked, sometimes completely covered in empty streets, Eleanor Callahan was the muse of her husband, American photographer Harry Callahan, for over half a century, and died Tuesday, victim of cancer at a hospital in Atlanta to 95 years. “Anything for Harry,” she said in an interview in 2007 to the art critic Robert L.Pincus. If Callahan did these photos now, theirs would be considered as a team work, a joint artistic intention, like that between Alfred Stieglitz and painter Georgia O’Keeffe, another icon of the twentieth century.

“He liked taking me pictures,” said in another interview in 2008, “In any pose, rain or shine. No matter what I was doing. If I were washing dishes or was half asleep. And he knew I never would have said no. I was always there for him. Because I knew that Harry could only do the right thing”, she said in another interview in 2008.

But they went out of the ordinary. One of the few color pictures of Eleanor Harry made was in the studio of the painter Hugo Weber in Chicago. Eleanor is back, as in many other images of her husband. And another is based on a dresser, and on the wall you can see the pictures of Weber, who gave them their home.

Callahan, a self-taught, is one of the most innovative American photographers of the second half of the twentieth century. He worked for the photo lab of General Motors in Detroit, where he was born, and met Eleanor on a blind date in 1933. She was 17 and he 21. It was 1933 annd both were working in Chrysler. The High Museum of Art in Atlanta dedicated a retrospective to his work, “Harry Callahan: Eleanor”, in 2007. “I think Harry began photographing in 1938 and, since we got married, he never stopped, always had a camera in his hands,” said Eleanor then.

(via: http://www.elmundo.es/)

Valentía creativa // Creative courage (by Harry Callahan)

(fuente: extraído de un texto de Paco Ortiz en http://www.grupoindalofoto.com)

Fotógrafo inconformista, inquieto, humilde y crítico. Dueño de un estilo propio, a base de probar y equivocarse, no bajando nunca los brazos, la ilusión ni la ambición es uno de los grandes de este siglo. Me interesa mucho cualquiera de sus modalidades creativas, pero hay una que siempre me paraliza: el retrato y el paisaje unificados en su esposa, su hija y los lugares que visitaban los tres durante su vida cotidiana. Todos hacemos posar alguna vez a nuestra esposa delante de un edificio o una puesta de sol para añadirle dimensión humana a lo que recogerá nuestra cámara. Sin embargo, Callahan retrata a su mujer, un paisaje y los vuelve arquetipos.

Ella en un paisaje urbano, frío y nublado detrás. Ella con media sonrisa y detrás muchos árboles y una luz cegadora. Callahan lo hace todo uno: consigue así fotos maestras, creaciones para el museo y también para la memoria. Me interrogo: ¿por qué puso ahí a su mujer, por qué vestida de negro, por qué en un lugar tan desolador? La facultad principal de Callahan es lograr preguntas en el espectador, que así vive la foto, la hace suya, llevándole a la memoria pero también al pensamiento. Callahan veía la ciudad, el paisaje críticamente; a su mujer, inserta en ellos, también la miraba críticamente desde el visor de su cámara. Qué valentía creativa, qué sinceridad.

¿Y acaso no es ésta una función básica de la fotografía crítica?: mostrar esa verdad humana que una sociedad consumista, engañada y en manos de poderes sólo a medias entrevistos nos está hurtando como el mago cuando hace brotar y desaparecer sucesivamente de sus dedos y la palma de sus manos esas monedas que nos deslumbran y nos convierten en espectadores todo ojos, olvidados de nosotros mismos y de nuestras más autenticas necesidades.

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(source: excerpt from a text by Paco Ortiz at http://www.grupoindalofoto.com)

Maverick photographer, restless, humble and critical. Owner of a style, through trial and error, never coming down arms, enthusiasm and ambition, he is one of the greats of this century. I am very interested in any of their creative ways, but one that always stops me: portrait and landscape consolidated his wife, daughter and the places they all three visited in their everyday lives. All we ever sit your wife in front of a building or a sunset to add human dimension to what we collect our camera. However, Callahan portrays his wife, a landscape and turns them archetypes.

She in an urban landscape, cold and overcast back. She half-smiles and behind many trees and a blinding light. Callahan does everything one: get and master photos, designs for the museum and also for memory. I ask myself, why put it there with his wife, dressed in black, why, why in a place so bleak? Callahan’s main power is to questions in the viewer, so the photo lives, makes it his own, bringing to mind but also thinking. Callahan saw the city, the landscape critically, to his wife, inserted in them, also looked at critically from the viewfinder of his camera. What creative courage, what sincerity.

And is not this a basic function of photography criticism?: Show the human truth that a consumer society, deceived and powers in the hands of half-glimpsed only is stealing us like a magician when you emerge and disappear on their fingers and the palm of their hands the coins that dazzle us and make us viewers all eyes, forgetting ourselves and our most authentic needs.