Pienso acerca de pensar // I think about thinking (by Duane Michals, 2000)

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En esencia Duane Michals (Pensilvania, 1932) es un contador de historias y con ellas nos acerca al universo inagotable de su pensamiento. En su “Autorretrato”, se muestra a sí mismo de espalda al espectador leyendo un libro cuyo texto es el foco de la imagen: “I think about thinking”. Duane cuenta historias a través de una cámara porque lo relevante “no es el instrumento sino lo que hacemos con él” y “la cámara no es diferente a la máquina de escribir”, dice.

Su talante narrativo es una de las características que lo distinguen a primera vista de sus coetáneos: en sus fotos y secuencias (las series fotográficas a través de las cuales relata una historia) es común que escriba en los bordes, con su letra cursiva y casi infantil, aquella idea que lo ha impulsado a crearlas y que guía su sentido: “Mis fotografías están basadas en ideas y sentimientos específicos y son ilustraciones premeditadas de esos sentimientos. Me ilustro a mí mismo”. Michals piensa en una idea, la escribe, realiza el guion a la manera de un storyboard y en menos de dos horas puede tomar secuencias completas. Por eso “se exhiben mejor en los libros que en las galerías”, confiesa, porque están pensadas para ser vistas como una unidad de sentido y no de manera separada.

Y es que Duane no es un artista tradicional de la lente: llegó tarde a la fotografía y nunca quiso ser un Cartier-Bresson, lo que significa que nunca quiso seguir el camino de otros. De formación autodidacta, sus primeros trabajos fueron comerciales: en revistas de moda como Squire, Mademoiselle y Vogue hacía retratos de celebridades, pero desde entonces mostrando una diferencia con sus contemporáneos: en lugar de captarlos en un estudio, lo hacía en el propio contexto de los personajes. Esta temprana diferencia es muestra ya de la visión capital de Michals: no quiere descubrir la apariencia de las cosas, sino su esencia; no está interesado en mostrar lo que todos ven, sino lo que él experimenta. “Soy un empirista, creo que las propias experiencias conducen al conocimiento”, dice, y por eso se proclama a sí mismo un expresionista.

Así, concibe a la fotografía como un medio de expresión, no como un fin, lo cual determina su posición frente a los temas que persigue: no camina la ciudad buscando instantes dignos de ser eternizados (así rompe con Richard Avedon, Ansel Adams, Robert Frank, Robert Doisneau, Irving Penn), lo que él quiere es mostrar lo que nadie puede ver, por eso es el fotógrafo que no cree en los ojos sino en la mente, pues en ella reside la imaginación y con ésta, indica, “se produce algo que de otra manera no existiría”.

Por esto, es justo decir que la cualidad de Michals que lo distancia en definitiva de sus coetáneos es que su obra no intenta documentar la realidad sino mostrar el paisaje interior del ser, es decir, las preguntas y emociones que lo inquietan: qué ocurre después de la muerte, de qué manera sucedieron los eventos del día anterior, cómo son el deseo, el miedo, las ideas. “Estoy interesado en el misterio de mí mismo y de mi vida”, expresa. Y en este sentido está más cerca de René Magritte —a quien tanto admiró y quien “lo había liberado”— que de cualquier otro artista.

Sus creaciones deben ser leídas como preguntas, como misterios que no necesitan ser resueltos sino revelados, porque lo que un verdadero artista debe hacer, dice, “es mostrarnos sus secretos”.

Así pues, Duane Michals, un indiscutible transgresor de la lente, nos muestra con su obra que la fragmentariedad es la base de la realidad, la cual no es más que una serie de nociones inconclusas con las que intentamos comprender nuestra breve existencia.

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In essence Duane Michals (Pennsylvania, 1932) is a storyteller and with them head us to the endless universe of thought. In his “Self Portrait” shown himself back to the viewer reading a book whose text is the focus of the image: “I Think About Thinking”. Duane tells stories through a camera because what matters “is not the instrument but what we do with it” and “the camera is no different than the typewriter,” he says.

His narrative mood is one of the characteristics that distinguish him at first glance of his contemporaries: in his photos and sequences (the photographic series through which tells a story) is common to write on the edges, with italics and almost child, that idea has prompted create and guiding his meaning: “My photographs are based on specific ideas and feelings and those feelings are premeditated illustrations. I illustrate myself”. Michals think of an idea, writes, performs the script in the manner of a storyboard and in less than two hours can take complete sequences. So “they are best exhibit in the books that in the galleries”, he says, because they are intended to be viewed as a unit of meaning and not separately.

And it is that Duane is not a traditional artist of the lens: came late to photography and never wanted to be a Cartier-Bresson, which means he never wanted to go the way of others. Self-taught, his early works were commercial: in fashion magazines as Squire, Mademoiselle and Vogue took portraits of celebrities, but since then showing a difference with his contemporaries rather than capture them in a studio, he did in the context of own characters. This difference is shown early vision and capital Michals: not to discover the appearance of things, but its essence; He is not interested in showing what everyone sees, but what he experiences. “I’m an empiricist, I think own experiences lead to knowledge,” he says, and so he proclaims himself an expressionist.

So, he sees photography as a means of expression, not an end, which determines his position on the issues to be achieved: not walking the city looking for moments worthy of being immortalized (and break with Richard Avedon, Ansel Adams, Robert Frank, Robert Doisneau, Irving Penn), what he wants is to show what one can’t see, that’s the photographer who does not believe in his eyes but in the mind, because in her imagination resides and it indicates “something occurs that would otherwise not exist. ”

Therefore, it is fair to say that the quality of Michals that definitively differences him from its peers is that his work does not attempt to document the reality but to show the inner landscape of self, that is, questions and emotions that concerned about: what happens next death, how the events happened the day before, how are desire, fear, ideas. “I’m interested in the mystery of myself and my life,” he says. And in this sense he is closer to René Magritte, whom he both admired and who “had delivered himself” – than any other artist.

His creations should be read as questions like mysteries that need to be resolved but not disclosed, because what a true artist should do, he says, “is to show their secrets.”

So, Duane Michals, a transgressor of the lens indisputable, his work shows that the fragmentation is the basis of reality, which is no more than a series of inconclusive notions with which we try to understand our brief existence.

(via: http://unidiversidad.com.mx/duane-michals-el-fotografo-que-se-ilustra-a-si-mismo/)

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