Jeanloup Sieff

Sieff 071

Así comienza el libro sobre Jeanloup Sieff editado recientemente por Taschen:

“¿Cómo le llegó a usted la fe?”, le preguntaron un día al escritor y periodista cristiano André Frossard. “Al entrar en una iglesia” contestó, desarmando a sus interlocutores. Y añadió: “¡Afortunadamente, no entré en una estación, porque probablemente ahora sería conductor de trenes!”.
De lo cual se deduce que los destinos más definitivos pueden tener las causas más improbables.

“¿Por qué se dedica a la fotografía?”, me han preguntado con frecuencia, con demasiada frecuencia. “Porque un día me regalaron una cámara”, esa era mi respuesta sincera e inocente. Y es cierto que si cuando cumplí catorce o quince años no me hubieran regalado una Photax de plástico negro ahora sería actor de comedia, cineasta, escritor o gigoló (¡un sueño tristemente irrealizable que compartí durante mucho tiempo con Tristan Bernard!).
Pero cuando a uno le hacen preguntas simples hay que evitar dar respuestas evidentes, ya que se arriesga a que no lo tomen en serio.
A medida que se sucedían las entrevistas inquisitivas, propuse una motivación más metafísica, del tipo “para detener el paso del tiempo”, que no era además una respuesta falsa, nostálgico como soy, sino que constituía más bien una constatación y no tanto el motivo inicial de mis acciones.
Y hoy, cuando exploro el pasado de mis imágenes y el motivo por el que las tomé, asumo de nuevo la que ha sido mi única y verdadera motivación para tomar fotografías, aparte de la amortización de mi regalo de cumpleaños: simple y llanamente, el PLACER.
Y, sí, no es nada serio y casi me avergüenzo de ello, pero únicamente el placer ha guiado mis impulsos: el placer físico de expresar ciertas formas, el placer de retratar luces enloquecedoras, el placer de componer y de vivir espacios y encuentros, y el adjetivo que habré utilizado más, en voz baja, ha sido “satisfactorio”, que para mí significaba “inefable”; así que no se hable más.
Es evidente que toda actividad surge por un motivo inicial, espontáneo e irreflexivo y que la reflexión sobre su finalidad viene después. Pero no es necesario que esta segunda acabe ocultando e incluso sustituyendo al impulso inicial que la engendró.
A lo largo de toda mi vida, habré buscado el tiempo perdido, a menudo habré vuelto la vista hacia el pasado, pero si afirmé que lo hacía para recordar era, si no falso, por lo menos prematuro, pues tomaba fotografías solamente porque me gustaba, aunque a continuación llorara porque el placer al que me remitían mis imágenes ya había quedado atrás.
“¿Es la fotografía un arte?”, se preguntan sesudamente los barbudos con gabardinas grises que acuden a las asociaciones fotográficas de los suburbios. Para justificar su existencia incierta han inventado la “fotografía creativa”, que les permite enarbolar la irrisoria bandera del reconocimiento de su valor. Yo siempre he afirmado que el arte no existía, que solo existían los artistas, y que estos además no hacen arte sino cosas, porque les gusta y porque no pueden hacer nada más.
Toda creación pasa por una técnica, más o menos difícil de dominar (y la fotografía es una técnica simple) puesta al servicio de un resultado satisfactorio para los sentidos. El placer de las formas, de los colores, de las palabras, del oído, del tacto…
Como afirmó Brancusi, “una escultura que no apetece tocar no es una escultura lograda”, y hay fotografías que dan ganas de acariciar con los ojos.
Si bien hay imágenes que me siguen dando satisfacciones, me siento frustrado por lo que no haré nunca, frustrado por los sentidos que quedan en barbecho, enfermo por no haberme acercado nunca a la música. El bonito piano Pleyel 1910 comprado de segunda mano hace varios años me contempla con una sonrisa burlona y yo me vengo de él a través de mi hija Sonia, que aprende a dominarlo para obtener satisfacciones que a mí siempre me estarán vetadas…”

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So begins the book on Jeanloup Sieff that Taschen has published recently:

“How faith came to you?”, asked one day to Christian writer and journalist André Frossard. “Upon entering a church,” replied, disarming their partners. He added: “Fortunately, I did not enter a station, because now I would probably be a train driver”.
From which it follows that the final destinations can be more improbable causes.

“Why do you take up photography?”, I have often been asked, too often. “Because one day I got a camera,” that was my honest and innocent answer. And it is true that if when I was fourteen or fifteen years I wouldn’t had given a black plastic Photax, now I would be a comedy actor, filmmaker, writer or gigolo (sadly unattainable dream for a long time that I shared with Tristan Bernard!).
But when one asks questions we must avoid taking simple clear answers, as they risk not taken seriously.
As happened probing interviews, proposed a more metaphysical reasons, such as “to stop the passage of time”, which was not also a false answer, nostalgic as I am, but was rather a finding the reason my initial actions.
And today, when I explore the past of my images and the reason why I took them, I take back what has been my only real motivation to take pictures, apart from the redemption of my birthday present: quite simply, PLEASURE.
And, yes, it’s nothing serious and almost ashamed of that, but only pleasure has guided my impulses: the physical pleasure of expressing certain forms, the lights portray maddening pleasure, the pleasure of writing and living spaces and meetings, and the adjective that I will have used more, quietly, has been “satisfactory”, which to me meant “ineffable” so that’s that.
It is clear that any activity arises from an initial motive, spontaneous, unreflective and reflection on its purpose comes next. But it is not necessary that the second end hiding and even replacing the initial impulse that spawned it.
Throughout my life, I will have searched for lost time, I’ll be back often to view the past, but if I said that I did was to remember, if not false, at least premature, since taking pictures just because I liked but then cry because the pleasure that threw me back my pictures had been left behind.
“Is photography an art?” The bearded wonder sensibly with gray raincoats attending photographic associations in the suburbs. To justify their existence uncertain who invented the “creative photography”, which allows them to fly the flag laughable recognition of its value. I’ve always said that art existed, there were only the artists, and also that these things do not make art, but because they like and they can not do anything else.
All creation passed by a technique, more or less difficult to master (and the picture is a simple technique) in the service of a satisfactory outcome for the senses. The pleasure of shapes, colors, words, hearing, touch …
As Brancusi said, “a sculpture that does not want to touch a sculpture is not achieved”, and there are pictures that make you want to cuddle with eyes.
While there are images that I keep getting satisfaction, so I feel frustrated that I will not ever frustrated by the senses that lie fallow, sick for not having approached music ever. The beautiful piano Pleyel 1910 bought used several years ago I contemplated with a grin and I come to him through my daughter Sonia, who learns to master to get satisfaction that I always will be vetoed…”

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