San Clemente (by Raymond Depardon, 1982)

San Clemente es un lugar que está hecho por las personas que lo conforman. A diferencia de Titicut Follies donde la institución rebasa al individuo, lo que Depardon observa aquí es historias patéticas de abandono y soledad que estelarizan personajes tan coloridos en sus movimientos y forma de hablar que el documental no extraña el color en su fotografía a blanco y negro. Se siente que Depardon los conoce, sabe más o menos cómo puede reaccionar cada uno a partir de la convivencia que se ve que ha tenido y que no quiere ocultar. Tampoco oculta que su presencia no siempre es tolerada. Vemos a una viejita corriéndolo a escobazos, atacando directamente a la cámara.

Resulta impresionante cómo un enfermo mental puede evidenciar la convención cultural de ignorar la cámara y “actuar naturalmente”. En ‘San Clemente’, la cámara de Depardon atraviesa por un enfrentamiento directo por parte de los enfermos. A diferencia del evidenciamiento en los medios que realiza el verité, aquí no es intencional, pero Depardon decide incluirlo en la edición. Son escenas muy poderosas, en las que como espectadores nos sentimos vulnerados y cerca de los internos. Alguno de ellos agarra el boom o se dirige a la sonidista y codirectora Sophie Ristelhueber, otros saludan a “Raymond”, otros le piden un cigarro…. y Depardon no los corta para mantener la ilusión de cámara omnipotente. Se sincera y acepta que el cine se hace con una persona viendo a través de una cámara.

La cámara de Depardon es paciente. Deja que las acciones se desarrollen frente a ella mientras encuadra de forma muy bella. Él es un excelente fotógrafo, aparte de encuadrar precisa y limpiamente, maneja contrastes muy balanceados y estéticos. Además, adivina las acciones y las sigue, como cuando un interno está pidiendo su cambio de centro y entra alguien al cuarto. Depardon lo sigue, al parecer lo vio entrar por el rabillo del ojo y es justo cuando camina frente a cámara que la cámara se mueve en su dirección.

Una secuencia particularmente bella y triste es el seguimiento que hace Depardon en una salida de los enfermos a la ciudad. Una mujer pide que le hagan una foto y se la envíen a San Clemente, ella no sabe en qué calle o número está, sólo sabe que es San Clemente porque su vida se ha visto reducida a esa institución, ella insiste mucho en que se la manden. Es un importante registro de su vida fuera. La relación de un enfermo mental con la cámara, ya sea de foto fija o en movimiento, es muy particular. Es como una herramienta poderosa para poder fijar la memoria en el caos que muchos malestares psíquicos pueden crear.

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San Clemente is a place that is made by people who comprise it. Unlike Titicut Follies where the institution beyond the individual, what Depardon sees here are pathetic stories of abandonment and loneliness as colorful characters who star in their movements and speech is not surprising that the color film in black and white photography. You feel that Depardon knows them, knows pretty much how each may react from the coexistence that is seen to have had and do not want to hide. Nor hides his presence is not always tolerated. We see an old lady running it with a broom, striking directly at the camera.

It is amazing how a mentally ill person may reveal the cultural convention to ignore the camera and “act naturally.” In ‘San Clemente’, Depardon’s camera goes through a direct confrontation on the part of patients. Unlike the media evidenciamiento performing the verité, this is not intentional, but Depardon decided to include on the issue. They are very powerful scenes in which we feel violated as spectators and close to the inmates. One of them grabs the boom or going to the soundman and co-director Sophie Ristelhueber, others greet “Raymond”, others ask for a cigarette …. Depardon and not the short to maintain the illusion of omnipotent camera. Be honest and agree that the film is made with a person looking through a camera.

Depardon’s camera is patient. Let the actions be developed while framing their face so very beautiful. He is an excellent photographer, apart from framing precise and clean, handles balanced and aesthetic contrasts. Also, guess the actions and next, as when an inmate is asking for your change of heart and someone enters the room. Depardon follows, apparently saw him come out of the corner of the eye and is just as walks in front of camera that the camera moves in their direction.

A sequence is particularly beautiful and sad track that makes Depardon at an output of the sick to the city. A woman asks you to do a photo and send it to San Clemente, she does not know what street or number is, just know it’s San Clemente because her life has been reduced to that institution, she insists that it is much send. It is an important record of his life outside. The relationship of a mentally ill person with the camera, either still or moving picture, is very particular. It’s like a powerful tool to set the memory in the chaos that many mental ailments can create.

(via: http://esteblogesparadocumental.blogspot.com.es/)

2 thoughts on “San Clemente (by Raymond Depardon, 1982)

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